viernes 17 de abril de 2009

EL SARGENTO CANUTO

En 1836 Manuel A. Segura presentó una obra teatral que habría de causar mucha controversia en Lima, "El Sargento Canuto". Obra a través de la cual podemos retratar la Lima de inicios de la república y la trascendencia de la carrera militar. Y como don Manuel nos diría en su obra "...Y como hoy el caerse muerto trabajando no da más que cálculos sin concierto y siempre anda uno detrás del dinero y del acierto; y como ni aún ser empleado en lo político vale porque en el sueldo pagado el año a dos meses sale; yo creo haber acertado cuando he podido encontrar un novio para cada una que bien las ha de tratar; porque, chicas, la fortuna favorece al militar."
los amigos de Eureka teatro representaron esta interesante obra teatral he aquí un extracto...
En el continente americano existen diversas áreas culturales pre-colombinas de las cuales Centro América y los Andes Centrales fueron las áreas donde las civilizaciones mostraron mayor desarrollo cultural.

lunes 9 de febrero de 2009

Dinosaurios habitaron los Andes peruanos


FUENTE: DIARIO CORREO
GRAN CEMENTERIO FOSILIFERO DATA DE HACE UNOS 120 MILLONES DE AÑOS


Los Andes peruanos no sólo han sido la cuna de grandes culturas preíncas, sino también son un gran cementerio de restos de dinosaurios y especies similares que habitaron a más de 4,600 metros sobre el nivel del mar hace aproximadamente 120 millones de años.

Un reciente descubrimiento de huellas fosilizadas demuestra que al menos 12 especies distintas de esos reptiles habitaron lo que son hoy nuestras serranías.

Entre dichas especies habría carnívoros bípedos (terópodos) de varias tallas, desde gigantes hasta pequeños, así como herbívoros semibípedos (ornitópodos).

Sus restos se encuentran en lo que es hoy el departamento de Áncash y fueron hallados cuando se realizaban trabajos de construcción de la carretera asfaltada que une el campamento de Yanacancha, de la compañía minera Antamina, con el cruce de Conococha, en el kilómetro 80 de esa vía.

El Área de Medio Ambiente de esa empresa explora de manera cuidadosa la zona y ha encontrado huellas en otros lugares, así como grandes cantidades de restos óseos.

Entre ellos, fósiles de otros animales de la época jurásica, como reptiles marinos conocidos como sauropterigios, de los que hay esqueletos enteros; reptiles del tipo ictiosaurios (en forma de pez) y cocodrilos de ramas extinguidas; además de pterosaurios (reptiles voladores) y tortugas. Asimismo, restos milenarios de peces y cantidades impresionantes de invertebrados muy bien conservados, refiere Antamina.

Según la empresa, estos últimos hallazgos suponen un nuevo récord de altitud, pues los fósiles se hallan a 5,000 metros sobre el nivel del mar.

ORIGEN. La explicación a esta presencia sería que en el periodo Cretácico temprano, hace 120 millones de años, manadas de estos animales habrían cruzado una playa lodosa, a orillas de un mar hoy desaparecido, dejando la marca de sus pisadas, que fueron rápidamente secadas y endurecidas por el sol tropical.

Después, se estima que dichas huellas fueron cubiertas por arena y más lodo, con lo que se preservaron a través del despiadado tiempo geológico, hasta que las máquinas las volvieron a exponer, esta vez al aire frío de las jalcas.

martes 3 de febrero de 2009

LAS CULTURAS PREHISPÁNICAS EN PIURA Y TUMBES


Uno de los primeros pobladores tahuantinsuyanos que tomaron contactacto inicial con los españoles fueron los tallanes, quienes se convertirían en los aliados incondicionales de los cristianos durante la invasión al "Perú", aquí presento un artículo del diário El Comercio donde se hechan luces de esta magestuosa civilización.
Los tallanes
Por: César Robles Periodista


Señoreaban por estas tierras los curacas Copiz, Cutivalú, Maizavilca y Chirimasa en los años de 1528, en tiempos de la llegada de la primera expedición conquistadora al mando del capitán Bartolomé Ruiz a la caleta de Puerto Pizarro, en la ciudad que ahora conocemos como Tumbes.

En estas tierras florecieron las culturas Tallán, Tumpis y en menor medida las culturas de los guayacundos, huancapampas y los vicús en la época prehispánica, así como el primer gobierno de mujeres curacas conocido con el nombre de Las Capullanas, en la costa norte de Piura.

Sobre el particular, el estudioso norteño Genaro Maza Vera en su libro “La cultura Tallán” refiere que el cronista Fray Reginaldo Lizárraga destaca: “A orillas del río Motupe hallé un pueblo gobernado por mujeres que eran Las Capullanas, llamadas así por los españoles a causa de su vestido que tenían a manera de capuces, con que se cubren de la garganta hasta los pies, ciñéndose la cintura con bandas”.

La etnia Tallán fue un pueblo agrícola y convirtió los valles de Tumbes, del Chira y de Piura en zonas ricas y fértiles, lo que les aseguraba una gran productividad de alimentos, a la vez que causaba el asombro de los primeros conquistadores.

En su “Crónica del Perú”, cuenta Cieza de León: “Este valle de Tumbes solía ser muy poblado y labrado, lleno de lindas y frescas acequias, sacadas del río, con las cuales regaban todo lo que querían, y cogían mucho maíz y otras cosas necesarias a la sustentación humana, y muchas frutas muy gustosas”.

Sin embargo, lo que habría de caracterizar a los tallanes sería su dominio sobre el mar a través de la navegación a vela. El cronista Cieza de León describe el encuentro entre Bartolomé Ruiz y los balseros tallanes:

“Y navegando su camino otro día, a ora de nona, vieron venir por la mar una balsa tan grande que parecía navío y arribaron sobre ella con la nao y tomárosla con quinze o veynte yndios que en ella venían vestidos con mantas, camisetas y en ávito de guerra; y donde a un rato vieron otras balsas con gente”.

Pero mucho antes, fue el príncipe Inca Túpac Yupanqui, llegado a estas tierras en plena expansión del imperio del Tahuantinsuyo, quien se sorprendió gratamente con la sabiduría y habilidad de los pescadores tallanes y con la fortaleza de sus grandes balsas que servían para conquistar el mar.

La habilidad y fortaleza tallana para dominar el mar es la que impulsa al joven Inca Túpac Yupanqui a iniciar sus expediciones marítimas, lo que, según José Antonio del Busto, historiador y curtido hombre de mar, lo lleva a descubrir Polinesia y Oceanía, “27 años antes que Colón descubriera América y 55 años antes que Magallanes redescubriera Oceanía”.

En relación a su dominio geográfico, apuntes históricos señalan que los tallanes se asentaron en el “área de extensión geográfica que comprende las zonas de Manta en el Ecuador, por el norte, y por el sur hasta Olmos, y 20 leguas hacia el interior”.

Su lengua fue el zec, y se caracterizaban por ser un pueblo guerrero, a diferencia de los vicús, pueblo al que representó a través de sus ceramios una inclinación homosexual, siempre sujetos a la dominación de turno, primero bajo los mochicas, luego bajo la influencia Chimú y posteriormente bajo la égida del imperio inca.

martes 13 de enero de 2009

LO QUE COMÍAN LOS ANTIGUOS PERUANOS

El mes pasado la reportera María Elena Navas de la BBC.MUNDO dio a conocer a la comunidad científica, que el Valle de Nanhoc
en la sierra norte habria allbergado al más antiguo domesticador de plantas del Perú (horticultor); revisando el blog de nuestro colega y amigo Arturo Gómez AMAUTACUNA nos confirma esta información diciendo ...El importante hallazgo, publicado también en la revista Science, ha sido confirmado y respaldado por el prestigioso arqueólogo Peter Kaulicke, de la Universidad Católica, quien declaró: “Para tomarse en cuenta deben existir evidencias de pozos viviendas u otros elementos culturales. Y en el caso del Alto Zaña se dan estas condiciones. No se trata de una sola planta, sino de varias y en diferentes sitios con una buena cantidad de fechados que son consistentes".
A continuación presento el reportaje publicado en BBC. Mundo los primeros días de diciembre 2008

María Elena Navas
BBC Ciencia

Científicos en Estados Unidos descubrieron que los pobladores del Valle de Ñanchoc, en el norte de Perú, no sólo eran sofisticados agricultores sino que también sabían alimentarse muy bien.
Los científicos, que publican los detalles del estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS - Actas de la Academia Nacional de Ciencias), recuperaron en el sitio dientes humanos de hace aproximadamente entre 7.000 y 9.000 años.
Descubrieron en éstos granos de almidón preservados que revelan que estos pobladores ya cultivaban zapallo (calabaza), frijoles y la fruta del árbol de pacay.
"Como se sabe, si no te lavas bien los dientes se acumula placa" le dijo a BBC Ciencia la doctora Dolores Piperno, del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical en Washington, quien dirigió el estudio.
"Y en la placa de estos antiguos dientes lograron sobrevivir granos de almidón, que son partículas microscópicas donde las plantas almacenan su fuente de energía", agregó.

Almidón
Los científicos recuperaron granos de almidón de 39 dientes humanos, que creen pertenecían a entre seis y ocho individuos.

Y después de comparar esas muestras con referencias modernas de almidón de unas 500 plantas lograron identificar lo que comían y cultivaban.

"Logramos identificar almidón de una variedad de cultivos -dice la investigadora- como zapallo, frijoles tanto de variedad común como habas, maní y fruta de pacay".

"Éste es un cultivo muy importante que se cosechaba mucho en Perú durante tiempos precolombinos", agrega.

Según la investigadora, las muestras de almidón en los dientes revelan que la gente comía estos cultivos y no sólo los utilizaba para otros propósitos, como el zapallo para producir recipientes o redes.


El estudio además demuestra que los pobladores del continente americano ya eran sofisticados agricultores mucho antes de lo que se pensaba hasta ahora.

"La evidencia más antigua del consumo de frijoles en Sudamérica data de unos 4.000 años, pero nuestra investigación muestra que la gente ya comía frijoles mucho antes", dice Dolores Piperno.

Buenos cocineros

"Otro descubrimiento interesante es que ya sabíamos que esta gente cultivaba plantas pero la abundancia de granos de almidón que encontramos revela que eran agricultores comprometidos".

Además, también al parecer eran buenos cocineros porque las muestras revelan que muchos de los cultivos habían sido cocinados antes de consumirse.

"El almidón es muy susceptible al calor", explica la científica.

"Pero con experimentos que llevamos a cabo con frijoles hervidos en el laboratorio descubrimos que aún después de hervirse queda algo de almidón dentro del frijol".

"Esto nos indica que esos granos fueron hervidos antes de comerse, y además nos alegra que ahora contamos con un método para identificar la cocina prehistórica".

Los dientes fueron encontrados durante excavaciones llevadas a cabo por el profesor Tom Dillehay, de la Universidad de Vanderbilt, quien ha hecho varios estudios sobre los pobladores de Ñanchoc.

Según la doctora Piperno, los Ñanchoc fueron una de las primeras culturas peruanas y además de ser buenos agricultores también contaban hace unos 6.500 años con sistemas de irrigación.

"Así que ahora podemos decir que no sólo eran unos de los mejores agricultores de Perú, sino de todo Sudamérica, porque vivían dedicados a las plantas y a mejorar sus variedades" expresa la investigadora.

viernes 16 de mayo de 2008

INICIO Y OCASO DE LA CIVILIZACIÓN CHAVÍN



El Estado teocrático chavín se desarrollo hacia el año 1500 a.c, su templo principal "CHAVIN DE HUANTAR" se encuentra en el Callejon de Conchucos, que corre paralelo al callejón de Huaylas,departamento de Ancash. Esta civilización fue descubierta por el Arqueólogo y médico peruano Julio Cesar Tello Rojas a inicios del siglo XX, quien la concibió como "la cultura matriz del Perú" llegando a postular que el origen de las civilizaciones peruanas se encontraba en los andes del norte, actualmente, esta hipótesis viene siendo superada por los estudios de Ruth Shady "Caral".
Esta sociedad destacó por dirigir la primera unificación panandina, al incorporar a las civilizaciónes que se desarrollaron durante el formativo inicial (Pacopampa, Kunturhuasi, Sechín, Chongoyape...)y por su escultura lítica, manifestaciones culturales que hoy tenemos el honor de admirar.

martes 15 de abril de 2008

LA CAÍDA DEL IMPERIO INCAICO

Por: Raúl Porras Barrenechea

La derrota en Cajamarca no se explica simplemente por el arrojo de los españoles ni por el miedo de los indios. Tampoco se explica por los factores sobrehumanos alegados por ambas partes: ni el milagro del apóstol Santiago ayudando con su espada formidable a los españoles, ni la profecía de Huayna Cápac de que habla Garcilaso sobre la próxima terminación del Imperio y venida de unos hombres blancos y barbudos, a los que debían obedecer. Aunque estas alucinaciones tuvieron poder sobre el ánimo de ambos pueblos contendientes, no fueron las fuerzas determinantes.
Tampoco fueron los elementos materiales: las armas y los caballos de los españoles. Es cierto que infundían espanto los arcabuces y las cargas de caballería, pero la superioridad de armas españolas estaba compensada en la enorme superioridad numérica de los indios y el espanto primitivo causado por los caballos desapareció pronto. Los indios trataban de evitar a éstos eludiendo los llanos, combatiendo en las breñas, abriendo hoyos en los campos para que se despernancaran los equinos. En el sitio de Cuzco varios indios se cogían de las colas de los caballos impidiéndoles caminar. En la campaña de Benalcázar contra Rumiñahui las cabezas de los caballos muertos eran colocadas en estacas coronadas de flores.
En realidad el Imperio Incaico empezaba a derrumbarse solo. Era un organismo caduco y viciado, que tenía en su enormidad territorial el más activo germen de disolución. La grandeza del Imperio estaba ligada esencialmente a la existencia al frente de él de grandes espíritus guerreros y conquistadores como los de los últimos Incas, Pachacútec y Túpac Yupanqui, y, sobre todo, a la conservación de una casta militar, sobria y virtuosa como la de los orejones. Con Huayna Cápac se inició la decadencia. Huayna Cápac era aún un gran conquistador como su padre y abuelo, pero en él se presentan y se afirman ya los síntomas de una corrupción. Las victorias incaicas son más difíciles y lentas, no se siente ya el ímpetu irresistible de las legiones quechuas. La conquista de Quito es la pérdida del Tahuantinsuyo. Las tribus se rebelan apenas sometidas y escarmientan a los vencedores. Los orejones, la invencible y austera casta de los anteriores reinados, educada en la abstinencia, la privación y el trabajo, había perdido su vigor. Ya no comían maíz crudo ni viandas sin sal, no se abstenían de mujer durante los ejercicios preparatorios de su carrera militar, ni realizaban trabajos de mano, ni eran los primeros en el salto y la carrera. De las clásicas ceremonias instituidas por Túpac Yupanqui para discernir el título de orejón, sólo conservaban el amor a la chicha. Mientras más beber, más señor es, llegó a decirse. Los Pastos les sorprenden y les diezman, después de una victoria, porque según cuenta Sarmiento estaban «comiendo y bebiendo a discreción». Los cayambis, un pueblo rudo y desconocido, resisten al ejército incaico, y hacen huir por primera vez a los orejones, dejando en el campo indefenso y en peligro de muerte al Inca. Éste tiene que usar para someter a los cayambis métodos que contradicen la proverbial humanidad de su raza y las tradiciones pacificadoras del Imperio: matanzas de prisioneros, guerra sin cuartel a mujeres y a niños, incendio y saqueo de poblaciones. El vínculo federativo que era el sostén del Imperio, no era ya así libre y voluntario o conseguido por la persuasión, sino impuesto por la fuerza. La cohesión incaica estaba desde ese momento amenazada por el odio de los pueblos vencidos y afrentados. Las sublevaciones se suceden y los enormes cambios de poblaciones ordenadas por Huayna Cápac, verdaderos destierros colectivos de grandes masas, no hacen sino aumentar el descontento de vasallos y sometidos.
Sus conquistas, su valor personal, el respeto supersticioso de sus súbditos, no bastan para ocultar la condición viciosa y decadente del monarca. Reúne aún las condiciones viriles de sus antepasados, pero relajadas por su tendencia invencible al placer, al fausto y a la bebida. Su afán de construir en Tumibamba palacios que superasen a los del Cuzco, aparte de revelar su frivolidad suntuaria es, por haber provocado el resentimiento cuzqueño, una de las causas de la disolución del Imperio. Fiestas y diversiones llenan las últimas etapas de su reinado, transcurrido en la sede sensual y enervadora de Quito. Bailes y borracheras amenizaban el paso del cortejo de Huayna Cápac, –formado de aduladores y cortesanos– por todo el Tahuantisuyo. El Inca encabezaba estos desbordes livianos. Era "vicioso de mujeres" dice Cieza, privaban con él los aduladores y lisonjeros y era el primer borracho del reino. "Bebía mucho más que tres indios juntos" cuenta Pedro Pizarro, y cuando le preguntaban cómo no perdía el juicio bebiendo tanto, respondía el viejo Baco vicioso "que bebía por los pobres que él muchos sustentaba".
Huayna Cápac era, a pesar de estos vicios, grave, valiente y justiciero. Los indios le querían y le respetaban. "Era muy querido de todos sus vasallos" dice Pedro Pizarro y Cieza afirma que "quería ser tan temido que de noche le soñaran los indios". En sus manos no corría peligro la unidad del Imperio. Pero él creó el germen fatal de la disolución: una sede rival del Cuzco, en regiones distantes y apenas conquistadas y al crear la causa de la futura división incaica, allanó el camino de los españoles. Si la tierra no hubiera estado dividida –dice uno de los primeros conquistadores– o si Huayna Cápac hubiera vivido, "no la pudiéramos entrar ni ganar".
La decadencia iniciada, aunque envuelta en fausto, en el reinado de Huayna Cápac se acentúa a la muerte de éste. Huáscar, el heredero legítimo, carecía de don directivo y de la firmeza de ánimo necesaria para conducir tan vasto y heterogéneo Imperio. Su padre le había creado además un problema político, para ser resuelto por voluntad y capacidad superiores a la suya. Le faltaba hasta el valor físico para enfrentar y desarmar con su prestigio de hijo del Sol, a sus enemigos. El estigma de la indisciplina y la desobediencia se apoderaba de sus vasallos. El espíritu regional ambicioso de los quiteños, alentado irresponsablemente por la frivolidad sensual de Huayna Cápac, se alzaba contra él retando su poder. Cuzqueños y quiteños habían llegado por causa de rivalidad, a odiarse irreconciliablemente.
Huayna Cápac completó su error no acordándose, en el devaneo de su vida sensual, de preparar y asegurar la sucesión normal del Imperio. Con una acción previsora en este sentido, y con el respeto que le tenían sus súbditos, su decisión testamentaria claramente expresada y reafirmada, hubiera evitado la confusión y la discordia que sobrevinieron a su muerte.
No interesa aclarar para éste si dictó a última hora, como quieren algunos cronistas, por medio de unas rayas pintadas sobre un bastón su decisión dinástica. Hubiese ordenado en su testamento como único señor del Imperio indivisible a Huáscar, Ninán Cuyochi o Manco Inca, o dispuesto la división del Imperio entre Huáscar y Atahualpa, dejándole a aquél el Cuzco y a éste Quito, la separación del Norte y del Sur se hubiera irreparablemente producido. Atahualpa no fue sino el nombre propio de una insurrección regional incontenible contra el espíritu absorcionista y despótico de la capital: el Cuzco.
Atahualpa, acaso, más audaz e inteligente que Huáscar, hubiera podido, de haber sido el heredero legítimo y no un bastardo, contener la disolución del Imperio a base de astucia y de tino político, de enérgica violencia en último caso, pero no es dable suponer que llegara a obtener la adhesión sincera y leal del bando cuzqueño. La insurrección habría estallado tarde o temprano o en su lugar Atahualpa habría tenido que imponer un sangriento despotismo como el que inauguraron en el Cuzco, sus generales Quisquis y Calcuchima a raíz de la derrota y apresamiento de Huáscar.
Cuzqueños y quiteños no formaban ya una sola nación, eran extranjeros y enemigos. Nacido en el Cuzco o en Quito, de una ñusta quechua o de una princesa quiteña, Atahualpa criado lejos del Cuzco, de sus instituciones y costumbres, era un extraño que no merecía la confianza de la ciudad imperial y de sus ayllus ancestrales.
Otra señal de la disolución era el abandono de los más fuertes principios de su propia cohesión social. La fuerza y la estabilidad del Imperio provenían de las sanas normas agrícolas de los ayllus, trabajo obligatorio y colectivo, comunidad de la tierra, igualdad y proporción en el reparto de los frutos, tutela paternal de los jefes. Todo esto que había creado la alegría incaica, en "el buen tiempo de Túpac Yupanqui", era abandonado con imprevisora insensatez. El Inca y sus parientes, la nobleza privilegiada, bajo el pretexto de las guerras, habían formado una casta aparte, excluida del trabajo, parásita y holgazana. En torno de ella se quebraban todos los viejos principios. El pueblo trabaja rudamente para ellos; tenía que labrar no solamente las tierras del Inca y del Sol, y las de la comunidad, sino la de estos nuevos señores. El Inca, rompiendo la unidad económica del Imperio, obsequiaba tierras a los nobles y curacas, quienes las daban en arrendamiento a indios que las cultivasen, con obligación de entregar cierta parte de los frutos. Estas propiedades individuales, dentro de un pueblo acostumbrado al colectivismo, herían el espíritu mismo de la raza y presagiaban la disolución, o un ciclo nuevo bajo normas diversas. Los nobles favorecidos trataban de perpetuar el favor recibido, trasmitiendo la propiedad individual. El reparto periódico de las tierras se hacía cada vez más formal y simbólico. El Inca o el llacta camayoc confirmaban cada año a los ocupantes en sus mismos lotes de terreno, existiendo casi en realidad propietarios de por vida. Lo que se hacía anualmente era el reparto de lotes adicionales para los hijos que nacían o el de las tierras llamadas de descanso. Las tierras mejores eran en todo caso las de los nobles y curacas y éstos no trabajaban. Por allí empezaba a destruirse el gran Imperio de trabajadores incaicos. En el momento de la llegada de los españoles, la antigua unidad incaica estaba corroída por tales gérmenes de división; uno económico, el descontento de clase del pueblo contra la aristocracia militar dominante, otro político, el odio entre cuzqueños y quiteños. Todos los primeros testigos de la conquista, acreditaron la existencia de este último. Pero el malestar social y económico se percibe en el cronista de mayor intuición y levadura jurídica de los primeros tiempos. Gonzalo Fernández de Oviedo, después de interrogar acuciosamente a los primeros conquistadores que regresaban a España, tras de la captura de Atahualpa, consigna esta impresión inmediata y sagaz: "la gente de guerra tiene muy sojuzgada a los que son labradores o gente del campo que entienden la agricultura".
La lucha entre los dos hermanos –Huáscar y Atahualpa– pone en evidencia todos los males íntimos del Imperio. La traición y la cobardía, la incapacidad, tejen la trama de la guerra civil. En cada general indio alentaba un auca o traidor. En el Cuzco se sospechaba de la fidelidad de Huanca Auqui, el jefe de las tropas de Huáscar, inexplicablemente derrotado en sucesivas batallas por los generales de Atahualpa, Quisquis y Calcuchima. Éstos, vencedores arrogantes, no guardan ningún respeto por el linaje imperial de Huáscar, ultrajan de palabra a la Coya viuda de Huayna Cápac y a la mujer de Huáscar y exterminan a todos sus parientes hasta las mujeres preñadas.
"¿De dónde os viene, vieja presuntuosa, el orgullo que os anima?" dice Quisquis a Mama Rahua Ocllo, ex emperatriz venerada. El olvido o desdén por las tradiciones incaicas llega, en este proceso de disolución, hasta la profanación. Atahualpa allana la huaca de Huamachuco que le presagia mal fin, derriba al ídolo y decapita al sacerdote. Huáscar desdeñaba las momias de sus antepasados, según Pedro Pizarro; y Santa Cruz Pachacutic le acusa de haber autorizado la violación de las vírgenes del Sol. Quisquis y Calcuchima realizan, aun, el mayor desacato concebible a la majestad de los Incas: la momia de Túpac Inka Yupanki fue extraída de su palacio, donde era reverenciada, y quemada públicamente. Pero, la nota más característica de este desquiciamiento, que perfila ya el desprestigio de la autoridad y el desborde sacrílego, es la acentuación de la crueldad. Atahualpa escarmienta ferozmente a los cañaris, haciendo abrir el vientre a las mujeres en cinta, y dar muerte a sus hijos. Sarmiento de Gamboa, dice que Atahualpa hizo las mayores crueldades, robos, insultos, tiranías, "que jamás allí se habían hecho en esta tierra". El relato de las crueldades realizadas por los generales de Atahualpa en el campo y Yahuarpampa contra los parientes de Huáscar, –mujeres, niños, ancianos–, ahorcados, ahogados, muertos por hambre, es de una siniestra verdad. El final del Imperio de los Incas estaba decretado no por el mandato vacío de los oráculos, sino por el abandono de las normas esenciales de humanidad y severidad moral, y de las fuerzas tradicionales que habían hecho la grandeza de la cultura incaica.
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* Publicado en: Revista de la Universidad Católica del Perú, Lima, mayo de 1935, Año III, N° 13, p. 142-148. Reproducido en la revista Sollertia, año V, Nº VIII, oct.-dic. de 1990, de donde se toma.